jueves, 15 de abril de 2010

Extasis en ese invierno





Caminando en un horario no conveniente, figure en la cara de todos los que decían poder mirarme, no entiendo que tengo en mi cuerpo y en mi ser que siento una observación extrema. A veces confundo la paranoia con mi pánico a la gente, sé que tengo un don de sociabilidad, pero a su vez la timidez me atrapa, el no encarar la vista, clavarla en sus ojos, en sus enormes y dilatados ojos. Baile sin parar, moví mi cuerpo súper eléctrico recto, solo lograbas ver mi pelo sudado, mis gotas sostenidas con fuerza para no derramar tanta transpiración. Mantuve el silencio por horas, quise entablar la mirada, regirla con mi don, pero inevitablemente el efecto se esfumo, se volatilizo y se hizo puro humo del aire. Me desperté raro, con malestar, con esas ganas inexplicables de correr a verte, de decirte lo mucho que me hiciste soñar anoche, mis piernas me titilaban, y por décima vez percibí que el efecto no bajaba, no dejaba de temblar Revente en rabia y me metí en mi bañadera, la llene con algo tan nada como el agua para sentir aún más el vacío. Comprendí que mi cuerpo no estaba reclamándote, pero que mis defectos si lo estaban haciendo, es mas, todos ellos se unieron para llamarte.

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